Principia: La divulgación que necesitamos

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¿Por qué gastar tiempo y esfuerzo en una actividad tan poco agradecida como la divulgación científica? A menudo me encuentro con esta pregunta, y no, no lo hago SOLO porque soy una freak. Tengo un motivo mucho más profundo para llevar 4 años en esto. Es porque creo que en este país hay una falta de pensamiento crítico alarmante. Eso que, junto a la creatividad y la curiosidad, está tan vivo durante nuestra infancia, y que el paso del tiempo, el conformismo, el sistema educativo y la sociedad general se encargan de ir mermando hasta límites insospechados.

Pero más allá de no cuestionar lo que vemos en los medios, lo que leemos en internet o lo que escuchamos en la calle, el problema realmente es que cuando hay diferentes opiniones sobre un mismo asunto, no pensamos que valga más la de aquel que tiene un doctorado en la materia en cuestión. Esto puede parecer de perogrullo, pero veamos con ejemplo real y sencillo que no todo el mundo piensa así.

Yo no se si Ana Mato leía el horóscopo en su adolescencia, o si era más de Isaac Asimov, pero sí se que fue Ministra de Sanidad. Es conocida mundialmente por su gestión en el asunto del ébola, que provocó el primer caso de contagio fuera de África del virus mortal, y que tuvo como principal víctima al archifamoso Excálibur. Pero hizo una cosa peor, que fue, en primer lugar sacar del calendario de vacunación infantil, y en segundo bloquear la distribución en farmacias de la vacuna de la varicela, excepto en algunas comunidades. Nuestra flamante Ministra decidió administrar gratuitamente la vacuna a partir de los 12 años, por lo que muchos padres decidieron comprarla en la farmacias hasta el bloqueo del Ministerio, que provocó que muchos españoles cruzaran fronteras para conseguir la vacuna en el extranjero. No se en qué opinión basó esa decisión, pero sí se que la La Asociación Española de Pediatría (AEP), la Asociación Española de Vacunología y la Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública e Higiene pidieron explicaciones sin obtener respuesta alguna, y que siempre defendieron la vacunación masiva en la primera infancia como la mejor opción. ¿Pensó la Ministra “Bueno, igual la opinión de los pediatras en pediatría vale más que la mía…”? No, y lo se porque Pablo, el hijo de mi amiga Mariquilla, ha pasado una semana en casa con fiebre y con picores muerto del aburrimiento, aunque, como suele pasar, no ha tenido problema alguno y el domingo pasó el día en Cabo de Gata con sus padres. Anne Ganuza, de tres años, no tuvo la misma suerte, y murió en el mes de marzo en el condado de Treviño por un shock séptico por estreptococos derivado de la varicela. Puede ser que la Ministra no fuera la única inútil que se cruzara en su camino, pero como mínimo fue la primera. Parece ser que el nuevo Ministro permitirá que la vacuna vuelva a venderse en farmacias, y puede que la vuelva a incluir en el calendario de vacunación a edades tempranas.

También la agricultura del país sufre por la toma de decisiones basadas en opiniones que nada tienen que ver con lo que dice la investigación científica. La sociedad exige prácticas agrícolas que no son ni más sostenibles ni más saludables, todo por la extendida falacia de que natural y saludable son sinónimos, luego artificial y tóxico también deben serlo. Y eso lo piensa una sociedad que se agobia si le queda un 4% de batería en el móvil. Los agricultores saben, por ejemplo, que en un futuro no muy lejano tendrán un problema de resistencia de plagas por la nueva exigencia no solo en la concentración, si no en el número de sustancias en los análisis. Pero por ahora no tienen más remedio que obedecer las exigencias de la distribución (que, por otra parte, no parece muy preocupada por el aumento galopante del problema de la obesidad), a pesar de lo que dice la ciencia.

Y en medio de esta sociedad donde, como reza el título del ensayo de Carlos Elías, la razón es estrangulada, los divulgadores intentamos llamar un poco a la cordura. Más allá del placer del conocimiento, sabemos que una sociedad con una mayor cultura científica es menos susceptible de ser engañada, tiene un mayor pensamiento crítico, un mejor criterio para buscar fuentes fiables, y así, será más libre. La dificultad principal reside en llegar a un público que no está a priori interesado. Recuerdo una conversación con el Dr. Litos vía twitter, en la que hablábamos de que la clave estaba en la alianza con las humanidades. El arte. El cine. La película de “Una mente maravillosa” es la culpable de que la inesperada muerte de John Nash haya tenido la relevancia mediática que merecía. Ese es el motivo por el que escribo en Principia. Esta revista es un punto de encuentro entre las dos culturas que tanto nos hemos esforzado en separar. Ciencia contada para todos, cultura, arte, juegos, ilustraciones… Y vosotros tenéis la oportunidad de formar parte de este proyectazo. Pero es un tren que parte el 16 de junio, lo que os da dos semanas para aportar vuestro grano de arena, trabajar por la cultura científica y el pensamiento crítico, y de paso haceros con la revista en papel y muchas otras recompensas. No dejes pasar esta oportunidad, por Asimov, ¡colabora!.

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